Publicado el 27/07/2017


¿Por qué investigar en Argentina y América Latina?

Aprovechando las reflexiones del I Coloqio de Periodismo de Investigación Argentino, del que tomé parte, he querido volcar en este blog un resumen del estado del arte del Periodismo de Investigación nacional. Haciendo un balance sobre la historia de esta modalidad periodística en Argentina y otros países de la región, apreciamos una larga trayectoria y reconocida tradición, con momentos de especial vigorosidad. Este hecho se explica a partir de distintos factores.

El primero de ellos, y tal vez el más importante, es que América Latina es una región intermedia culturalmente hablando. Producto de una colonización europea y construida bajo el ala de un ethos cristiano, América Latina es una región que, a priori, no habría que dudar en definir como occidental. Sin embargo,  esta colonización se produce por parte de una potencia –España y en el caso particular de Brasil, Portugal-  que si bien en ese momento era el mayor poder sobre la faz de la tierra, comparativamente quedo atrasada con respecto a sus vecinos europeos del norte. España (y Portugal) no tuvo revolución industrial ni, lo que es más importante para nuestro análisis, un desarrollo fuerte de instituciones políticas modernas como el parlamento inglés. Esta herencia, o mejor dicho, la falta de ella, se traspasó a la cultura política latinoamericana que durante la mayor parte del siglo XX no podría gozar de democracias sólidas. Además la identidad indígena es muy fuerte en la mayoría de los países de la región por lo que más bien habría que definirla como sociedades cuasi occidentales[1], o como diría el historiador y politólogo francés Alain Rouquié es “extremo occidente”[2].

El segundo factor, e íntimamente ligado con el anterior, es que precisamente producto de su herencia cultural europea, América Latina tuvo la posibilidad de formar cuadros intelectuales, escritores y periodistas que estuvieron dispuestos a ejercer como agentes contralores del poder desde el primer momento.

Entonces tenemos que en América Latina hay un cóctel que mezcla una clara falta de cultura democrática,  de progreso económico, concentración de poder y riqueza en manos de grupos económicos y violencia. Sin duda factores terribles pero que actúan como fuertes incentivos para el ejercicio de la investigación.  Todas estas características están presentes también en sociedades de África y Asia, pero a diferencia de estos países (y a pesar de sus carencias) los de América Latina tienen a los valores sintetizados en el lema oficial de la Revolución Francesa como el ideal a seguir. Tiene además universidades, centros de opinión, partidos políticos y medios de comunicación que reproduzcan la labor de investigación periodística.  En otras palabras, en China también hay falta de democracia y concentración de poder, pero es una cultura jerárquica y colectivista[3] donde el papel de uno o dos individuos desafiando a todo el sistema político, como ocurrió efectivamente en el caso Watergate, es no sólo duramente perseguido y reprimido, sino que ni siquiera está contemplado en el sistema. No es lo deseado ni esperable. Lo mismo podría decirse de África donde ni siquiera hay, excepto casos puntuales, la cantidad de cuadros intelectuales capaz de gestionar tales investigaciones. En la  Colombia de Pablo Escobar no obstante, a pesar del inminente peligro que conllevaba, la labor periodística fue pujante al igual que lo es actualmente en México. Centrándonos ya en el caso argentino, durante las muchas dictaduras que sufrió el país, el periodismo de investigación no sólo nunca cesó sino que fue un aliciente para seguir haciendo la labor. De hecho, uno de los libros fundacionales de esta temática es escrito por Rodolfo Walsh en medio de la dictadura conocida como Revolución Libertadora tras los tristemente celebres fusilamientos de civiles en la localidad de José León Suarez, la obra se tituló Operación Masacre y está incluída, como biblografía, en el Dioplomado en Periodismo de Investigación a Distancia

 

La restauración democrática

Tras la restauración democrática en 1983, el periodismo de investigación pareció enfrentarse a un nuevo paradigma. Si bien, y como hemos visto, la realidad socio-económica de la Argentina no había cambiado todavía de modo significativo. Atrás habían quedado la desaparición forzosa de personas, las torturas y la guerra sucia, temática, que había sido el principal tema de investigación de los últimos 15 años en el país. Los temas no se habían agotado como bien sabe todo periodista, pero la prensa debía adaptarse a funcionar en una nueva realidad.

El periodismo de investigación bajo el gobierno de Alfonsín, se caracterizó por investigaciones que develaban el paisaje de desolación dejado por los años de plomo y títulos como La noche de los lápices o Recuerdo de la muerte fueron los que ocuparon los escaparates de las librerías y las portadas de los diarios. La corrupción en democracia, más allá de que existente, fue en general dejada de lado en pos de la mirada retrospectiva que era en última instancia la que contaba con más deudas. En sintonía con los nuevos tiempos, en 1987 sale a la calle el diario que patearía el tablero del periodismo argentino por las próximas dos décadas, Página/12. Dirigido por Jorge Lanata nacía como preludio de la Argentina que se venía con un radicalismo en retirada y el neoliberalismo como presunta solución a todos los males del mundo. Se presentía una avalancha de corrupción teniendo en cuenta el ímpetu privatizador reinante y la larga tradición sindical argentina.[4]

 

El menemismo: la edad de oro

Decir que las dos presidencias de Carlos Menem estuvieron caracterizadas por el cohecho, los manejos espurios de la economía, la exclusión social e incluso asesinatos mafiosos al más puro estilo de Francis Ford Coppola es casi una obviedad y una pretendida crítica social a esos tiempos es hoy por hoy redundante y no alcanzarían estas breves líneas para describir aquel tiempo con cabalidad. Lo que si se hará en este trabajo es ver de qué manera influyo esto en el periodismo de investigación de aquel tiempo y, lo que es más interesante, en el de los últimos diez años.

Empecemos por decir que el menemismo estableció una continuidad con la década anterior gracias a su propia coalición política con los sectores conservadores que le exigieron el indulto a los represores del Proceso que habían sido encarcelados durante la administración Alfonsín. Este hecho hizo sangrar una herida que estaba lejos de cerrar y los mejores libros acerca del tema, los que por ejemplo echaban luz sobre el destino de los desaparecidos como El vuelo de Horacio Verbitsky fueron publicados a mediados de aquella etapa.

Por otro lado, un fenómeno medianamente novedoso, la “apertura” de Argentina al mundo después de tantos años de ostracismo comercial y político, y coincidiendo con el fin de la Guerra Fría, fue, como sucedió a lo largo de la historia del país, brusco, sin términos medios. De repente la pequeña y hasta virginal sociedad argentina, se llenó de traficantes de armas sirios, narcotraficantes colombianos y operaciones financieras extrañísimas donde el país era sólo un mero mediador. Esto trajo aparejados dos atentados relacionados con el extremismo islámico y la explosión de una ciudad entera.[5]

Por último, la misma corrupción de la clase política, siempre existente pero nunca vista con esa dimensión y salvajismo dieron al periodismo de investigación un nuevo aire y un dinamismo. Como la famosa frase de Charly Garcia “a mí me va bien cuando al país le va mal” la prensa de investigación vio en la penosa situación una oportunidad para ejercer el mejor periodismo y también reinventarse.

Un efecto de externalidad positiva se dio gracias a la variedad de problemáticas que ocupaban a la prensa. Los periodistas de la generación de los 70’s que se ocupaban por lo general de los temas vinculados con la dictadura interactuaron con, enseñaron a y aprendieron de una generación más joven más atenta al nuevo panorama, creando así una síntesis, un nuevo tipo de periodista que sería el protagonista de tal vez la época más brillante del periodismo de investigación en el país, y teniendo en cuenta lo que pasaba al mismo tiempo en Colombia, México, Brasil y Perú,  la más brillante en el continente.

Más allá de la importancia del diario Clarín en este proceso (el caso “armas” fue investigado principalmente por periodistas de ese medio)[6] Página/12 sería el epicentro de este movimiento periodístico y principalmente, el semillero para las futuras generaciones de cronistas.

 

Los años K: la guerra civil del periodismo

El kirchnerismo, como todo proceso histórico largo es complicado de analizar brevemente sin caer en generalizaciones. Todavía más complicado si tenemos en cuenta su vigencia a dos años de su salida del poder y las pasiones que todavía suscita en la sociedad argentina. Sin embargo, y siempre teniendo como directriz realizar un estado del arte del periodismo, podemos establecer como ciertos algunos de los rasgos sobresalientes de las presidencias de Néstor y Cristina Kirchner.

Tal vez el punto más disruptivo del kirchnerismo fue la profunda división que generó en la sociedad en general y el periodismo en particular. Mientras que en el menemismo el periodismo de izquierda, pero también el moderado y incluso el de derecha investigaron sin miramientos al poder[7], durante la era K la cuestión de la “militancia” que alcanzó especialmente al gremio periodístico dividió aguas y quebró alianzas que parecían irrompibles.[8]

Tras un lustro de relativa paz (los años de la presidencia de Néstor Kirchner y los primeros meses del de su esposa Cristina Fernández) en el cual ni el periodismo conservador -que se plantó como su franco opositor desde el primer momento- investigó con rigurosidad al gobierno kirchnerista, el llamado Conflicto del Campo en 2008 trazó una bisectriz que dividió de modo terminante a la sociedad argentina que quedaría desde ese entonces y hasta la actualidad fuertemente polarizada.

El periodismo no fue ajeno a este proceso por supuesto. Por el contrario, redobló la apuesta y se produjo una toma de posiciones más profunda puertas para adentro de la profesión. A partir de mayo-julio de 2008 el ala conservadora de la prensa, más fielmente representada por el diario La Nación, toma un rol más activo para investigar las graves denuncias de corrupción que desde hacía un tiempo venían acosando a la administración kirchnerista[9]. Mientras tanto, Página/12, que al igual que La Nación, desde el inicio, había mostrado, en su caso, su beneplácito con el gobierno, pero siempre manteniendo, aunque si más no fuera de manera formal, una distancia, se convirtió virtualmente en el órgano de prensa oficial del gobierno, que además, impulso la creación de otros tantos medios adictos. Mención aparte merece el caso de Clarín, el diario más popular de la Argentina, que en el mencionado lustro de concordia fue el aliado mediático por excelencia del gobierno y que junto con el Conflicto del Campo -pero por razones nunca del todo esclarecidas- se transformó en su enemigo más acérrimo. La Nación, Clarín y algunos otros medios cultores de una ideología “periodística” como Editorial Perfil, se erigieron inequívocamente en el corazón de la “Batalla Cultural” en contra del kirchnerismo y sus medios. Las investigaciones eran espetadas de un lado y otro con gravísimas denuncias lo que significó una verdadera novedad. Durante el menemismo La Nación nunca dejó de publicar investigaciones debido a una supuesta mayor afinidad ideológica con el gobierno de ese entonces. El menemismo de hecho no contaba con ningún medio plenamente oficialista, a excepción quizá, de ejemplos puntuales y minoritarios como el de Ámbito Financiero. En otras palabras, en la década del 90’ el periodismo de investigación no estuvo dividido por ejes ideológico-partidarios sino por lineamientos ético-ideológicos más generales. La premisa marxista de socavar las bases de las superestructuras de la clase dominante podía ejercerse desde un diario de derecha si en ello iba develar un grave hecho de corrupción impulsado por un gobierno de derecha. Durante el kirchnerismo ocurrió en todo caso que se decidía quien representaba mejor esa premisa, si el gobierno o la oposición y se elegía a quien investigar. Como la oposición estuvo muy atomizada y dividida en el periodo 2010-2013 la lupa investigativa de los medios oficialistas se centró en la propia prensa generando así “El Periodismo de Periodistas”.

Sobra decir que los medios “opositores” no tuvieron la iniciativa hasta que tomó el rol de general de esa contraofensiva Jorge Lanata. El ex fundador del que se había constituido como medio oficial se había ido de Página/12 en 1997 y hasta sus más fieles lectores decían que el diario no había vuelto a ser el mismo. Tras un ciclo exitoso en TV y estar al borde la muerte más de una vez, empezó con el pie izquierdo con el kirchnerismo y esa impronta en la relación jamás cambió. Por el contrario, creció hasta que después de otros proyectos truncos y estar al borde de la muerte una vez más, su antiguo rival periodístico, el grupo Clarín, le ofreció un espacio central en su grilla que funcionó con el catalizador del sentimiento opositor.

Lanata dio el puntapié inicial para la última transformación que se está llevando a cabo en el periodismo de investigación. Según la ensayista Beatriz Sarlo este periodismo “provee todas las respuestas” haciendo referencia al estilo de investigaciones de sistema cerrado donde ya todo está resuelto y no se le dejan la posibilidad de interrogantes al receptor.

 

Conclusiones

Si bien es verdad que el kirchnerismo no está en el poder desde 2015, la polarización del periodismo dividido en clivajes ideológico-partidarios todavía no se cerró. Página/12 hace caso omiso de todas las denuncias contra el kirchnerismo al que todavía defiende a ultranza desde sus páginas, tanto como Clarín que no criticaría seriamente al gobierno actual e insiste con las denuncias a la anterior administración dados sus intereses sectoriales. Esta situación no ha hecho otra cosa que deslegitimar al periodismo de investigación que ha perdido su excelencia y su pátina de credibilidad para convertirse en gran medida en un instrumento político para difamar adversarios.

Por otro lado, señalar la importancia de Jorge Lanata como una de la más grandes figura del periodismo de los últimos 30 años. Su figura eclipsó incluso a la de su mejor producto: Página/12. Odiado o reverenciado es la figura central del periodismo argentino (y aún más en los últimos años) .

 El reconocimiento a su figura no quita en última instancia que contribuyó tal como dice Sarlo a sentar las bases para periodismo de investigación francamente superficial.

             



[1] Fieldhouse, D.K. Economía e imperio, primera parte, cap. 1. Pags. 7-8.

[2] Rouquié, Alain. Introducción al extremo occidente, Introducción pags. 20-23.

[3] Alice, Mauricio. “La cultura en la negociación”, Revista La Trama.

[4] Treisman, Daniel. “Stabilization Tactics in Latin America: Menem, Cardoso, and the Politics of Low Inflation” pags 6-7.

[5] Ya al comienzo de la década Ibrahim al Ibrahim, familiar político del ex Presidente Menem fue procesado por manejar una banda de lavado de dólares. En 1992 la embajada de Israel en la Argentina fue volada con una bomba y lo propio ocurrió con la Asociación Mutual Israelita Argentina (AMIA) en 1994. Ambos hechos fueron atribuidos a Hezbollah. En 1995 la ciudad de Rio Tercero –donde funcionaba una planta de Fabricaciones Militares- sufrió una extraña y nunca del todo esclarecida explosión que voló parte de la ciudad. Dicho hecho estuvo fuertemente vinculado a la venta ilegal de armas a Ecuador y Crocia.

[6] Eduardo Santoro, periodista de Clarín fue quien investigó el “caso armas” y quien más tarde publicó Venta de armas: hombres de Menem.

[7] Después de todo, Marcelo Longobardi y Daniel Hadad, dos periodistas identificados con posiciones de derecha llevaron a cabo las investigaciones acerca de las propiedades de Carlos Menem. http://www.lanacion.com.ar/64416-salio-al-aire-el-programa-sobre-la-casa-de-menem

[8] Los episodios de la “Batalla cultural” fueron muchos, sin embargo a modo de ejemplo la resonada polémica entre Eduardo Aliverti y Jorge Lanata, antiguos amigos, es uno de los testimonios más fieles del cambio de época.

http://www.lanacion.com.ar/64416-salio-al-aire-el-programa-sobre-la-casa-de-menem

[9] Sólo hace falta recordar el Caso Skanska y el de Felisa Miceli ocurridos al principio de la administración kirchnerista en 2005 y 2007 respectivamente.